Información general
El yacimiento al aire libre de Maçao, en donde aparecen representaciones grabadas al aire libre de caballos y otros animales paleolíticos (relacionables con los yacimientos análogos de la Meseta española), y el Museo Arqueológico de Maçao, permiten conocer con detalle el mundo de los cazadores paleolíticos que frecuentaron las riberas del río Tajo y sus afluentes, así como el primer arte del Neolítico portugués.
Durante mucho tiempo, el medio y alto valle del Tajo occidental ha sido considerado deshabitado durante el Pleistoceno final e inicios del Holoceno. Esto justificaría para ciertos autores un modelo tardío de Neolitización en Extremadura que se apoyaría en tal despoblamiento. Sin embargo, la revisión de los contextos líticos del valle demuestra que hay ocupaciones humanas continuadas en la cuenca. Estos vestigios, aún muy limitados, permitirían contextualizar a algunos grabados de caballos de los valles de Ocreza y Zêzere (afluentes del Tejo) en el Paleolítico Superior. Los grabados, caballos, pero tal vez también un uro y nubes de puntos (en Ocreza), se hallan sistemáticamente en el cauce de los afluentes del río Tajo, en zonas de posible observación de esos animales.
Una revisión global de los grabados del Tajo, demuestra la existencia de una continuidad en la ocupación territorial, con campamientos de cazadores del Paleolítico Superior, que ofrece así un contexto arqueográfico para la atribución al Pleistoceno del primer ciclo rupestre del Tajo, que de esta forma coincide con los otros grandes valles del Occidente peninsular.
El proceso de transición de un sistema de caza de grandes herbívoros (sobre todo uros), desde hace 14.000 años hasta la plena implantación de las economías productoras del Neolítico, hecho no anterior al cuarto milenio A.C., es un proceso de gran estabilidad en la cuenca del Tajo, únicamente interrumpido por momentos de stress ambiental acaecidos después del VIII milenio A.C. De este proceso se conservan dios tipos de manifestaciones artísticas: zoomorfos al inicio del proceso (progresivamente esquematizados, pero marcando la importancia continuada de la caza, que se confirma en las sepulturas Neolíticas, acompañadas de ciervos), y antropomorfos al final (que en realidad son plenamente esquemáticos, confirmando una continuidad conceptual con etapas anteriores).
La secuencia de representaciones artísticas, en el arte rupestre del Tajo y Ocreza, pasa por tanto del esquematismo zoomórfico a motivos esquemáticos y, en las etapas finales de este proceso, a la geometrización, con emergencia de signos antropomorfos que señalan la consolidación de una nueva cosmogonía, que tiene al hombre (divinizado o no) como elemento central, y no ya a los animales que antes resultaban cruciales para su supervivencia.